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Estamos en el segundo Domingo de Cuaresma

13 marzo 2017 Destacados Eclesial Noticias


Este 12 de marzo la Iglesia celebra el segundo domingo de Cuaresma. El Evangelio del día corresponde a la lectura de Mateo 17:1-9, pasaje que narra el momento de la Transfiguración del Señor.

A continuación puede leer el Evangelio y la Homilía del Obispo de Santa María de los Ángeles (Chile), Felipe Bacarreza Rodríguez:

 

Evangelio del día (Mateo 17:1-9)

1 Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto.
2 Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
3 En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él.
4 Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: «Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
5 Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle.»
6 Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo.
7 Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: «Levantaos, no tengáis miedo.»
8 Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo.
9 Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos.»

Puede revisar las otras lecturas litúrgicas del día dando click AQUÍ

Homilía de Mons. Bacarreza:

“A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre, él lo ha contado” (Jn 1,18). Debe haberle costado mucho al autor del IV Evangelio elegir el verbo griego que se traduce por “lo ha contado”: “exeghésato”. En efecto, está describiendo toda el misterio de Jesús: hacernos ver al Padre. Más explícito fue el mismo Jesús cuando aseguró a sus apóstoles: “El que me ha visto a mí ha visto al Padre” (Jn 14,9).

La sustancia divina no puede verla el hombre, porque no hay proporción alguna: el hombre es limitado y la sustancia divina es infinita. Los dos personajes del Antiguo Testamento que más se acercan a la visión de Dios son Moisés y Elías. El primero no se atrevió a pedir la visión de Dios mismo, sino sólo una visión de su gloria: “Déjame ver tu gloria”. Y Dios se la concedió, aclaran-do: “Pero mi rostro no podrás verlo, porque nadie puede verme y seguir con vida” (Ex 33,18.20). A Elías fue el mismo Dios quien dijo: “‘Sal y permanece de pie en el monte ante el Señor’. Entonces el Señor pasó…” (1Rey 19,11). En la Transfiguración de Jesús ellos aparecen conversando familiarmente con él: así se les concedió todo lo que anhelaban.

Para leer la homilía completa puede dar click AQUÍ


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